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El músico y exprofesor del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias y del Máster de Musicoterapia del Instituto MAP, Miguel Fernández, trabaja para adaptar la tecnología a personas con distintas discapacidades

¿En qué consiste esta línea de investigación tecnológica y desarrollo que se inicia en el Instituto MAP?

Consiste en aplicar las nuevas tecnologías dentro del campo de la electrónica, sin especificar ninguna en concreto, reconvertirla y adaptarla para que pueda servir para mejorar la calidad de vida de muchas personas, pacientes con poca movilidad, que se encuentran en el final de la vida, personas con discapacidad, etc. El otro día hablábamos por ejemplo de un paciente con poca movilidad pero que no quiere ser muy dependiente, pero que necesita ayuda para subir y bajar el volumen de la televisión, cambiar de canal. El paciente no acierta a darle al botón. Es ahí donde entramos nosotros, cogemos un mando a distancia, lo abrimos, le sacamos cuatro cables y ponemos el pulsador en una plataforma más grande. Este es un ejemplo de algo que no está creado y que se puede hacer. Ha surgido de una conversación, a la carta. Lo bueno además es que en el momento en el que tengamos algo y que veamos que funcione, ya está creado, servirá no sólo para una persona sino para más con el mismo problema.

¿Cómo surge esta línea de trabajo?

Esto surge a raíz de mi experiencia en Oviedo. Tenemos un grupo de Música Contemporánea desde hace unos diez años, en el que trabajamos con las nuevas tecnologías, con sensores, uniéndolo al campo del arte. Al principio empezamos unos pocos profesores, yo llevaba por ejemplo el área de la Composición Electroacústica y dentro del Departamento hicimos un seminario permanente para trabajar sobre el tema. Recuerdo que íbamos integrando a alumnos y alumnas que les gustaba este campo de investigación y que podían colaborar. Esos alumnos entraron en el grupo, se fueron del centro pero siguen dentro del seminario como exalumnos, como parte integrante de ese colectivo. Los profesores que fueron pasando también están dentro de ese grupo. ¡ No te imaginas la cantidad de conocimiento que hay! . Tú no controlas de todo, está claro, pero nos complementamos. Ahora que tengo tiempo estoy reconvirtiendo ese saber para favorecer a gente con problemas de movilidad, por ejemplo. En algunos casos es sólo cambiar un par de piezas, por ejemplo.

La idea que yo tenía era reconvertir el instrumental del campo de la musicoterapia. Yo era profesor de “Acústica y Organología”, el estudio del instrumento, su evolución. Yo les decía a los compañeros de MAP: “la musicoterapia, ya tiene años, es joven pero ya tiene años. Sin embargo, estáis usando los mismos materiales que cuando empezaron los pioneros: el pandero, la maraca. Eso está bien, pero la gente que llega ahora ya no tiene esa mentalidad. Si te acercas a un chiquillo/a o a un/a adolescente con un pandero, te pega con él en la cabeza”. Creo sinceramente que hay que profundizar más en el campo de las nuevas tecnologías, que es lo que los jóvenes entienden. Reconvertir el instrumentario y adaptarlo al tiempo. A partir de ahí no sólo podemos trabajar en el campo de la musicoterapia pura y dura, sino en el campo de la ayuda al dependiente, hay muchas líneas abiertas, tiramos por todas, hasta donde lleguemos.

¿Cómo es el método de trabajo?

Hay dos vías de trabajo, una es utilizar material nuevo, la otra usar lo que ya está hecho, pero convertido. Para hacer un prototipo no te compensa hacer uno nuevo, así que coges lo que ya está elaborado y lo conviertes según las necesidades del usuario. Avanzas mucho más aparte de que te cuesta más barato porque no tienes que empezar de cero. Así que nosotros hemos optado por jugar con lo que hay y adaptarlo.

¿Qué otras ideas tenéis en estos momentos?

La tecnología se puede aplicar en la música de muchas maneras. También queremos a hacer sillones para oír música, para por ejemplo pacientes que siguen tratamientos oncológicos, personas en que se someten a diálisis, etc. Se trataría de un sillón en el que tú te sientas y escuchas música. Queremos que vibre y puedas recibir la vibración a nivel mecánico, óseo, no a nivel aéreo porque contaminaría, lo oiría todo el mundo. La idea es que lo escuche solamente el que se sienta en el sillón.

A nivel artístico tengo también una historia que he llamado “cápsula poética”, un artilugio en el que entras y te cuenta un poema. Para esto he trabajado con un amigo poeta de Gijón; para la presentación de su último libro quería hacer algo distinto y se nos ocurrió “la cápsula”. La gente entra, el aparato detecta tu presencia y se dispara un poema del autor.

También hemos pensado, junto a un amigo corredor, una pulsera que cambia el tipo de música según el estado de ánimo del corredor o según el esfuerzo que realices en una carrera.

No podemos esperar a que esté pensado para hacerlo, en esto ocurre lo mismo que con los idiomas; sino no los hablas, sino practicas hasta que los dominas a la perfección no hablarás nunca. Con esto pasa igual, nosotros vamos a probar.

Todo esto, ¿Está avanzado en otros países?

Nada, no hay nada y lo que hay son tonterías. Es algo tan simple que estoy un poco descolocado, ¿cómo no lo ha hecho alguien antes? Algo está fallando.

Es un campo sin explorar y hay tecnología para ello. Abre una via de trabajo y de reflexión importante. Mover, agitar…hay que espabilar, sino lo hará otro. Lo que yo sé, lo sabe mucha gente, es cuestión de tiempo. Antes de que nos pisen, tenemos que hacerlo nosotros.

Espero que esto es la punta del iceberg, puede ser algo inmenso.

 

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