Musikoterapia parkinsondun gaixoekin

Koordinatzailea:
Iñaki Fernández Manchola, neurologoa;
Esperanza Torres, psikologoa, irakaslea eta musikoterapeuta, eta
Patxi del Campo, musikoterapeuta.


La historia ha dado pruebas tanto en las civilizaciones pasadas como en las distintas culturas del uso de la vibración del sonido como proceso de curación o tratamiento.

Ya en 1955 Pontvick realiza las primeras investigaciones sobre la transmisión de las vibraciones musicales y su uso terapéutico, que inicialmente fueron usadas en el caso de los sordomudos. Teirich aporta muchos ejemplos de como los pacientes consiguen estados importantes de relajación cuando el cuerpo es sometido a la vibración de la música (en una gama de 20Hz. a 16 Khz) por medio de la utilización de cuatro altavoces situados cerca del cuerpo.

Un trabajo previo para intentar encontrar formas para tratar pacientes con patologías severas de espasmos de los músculos flexores o extensores se ha concentrado en el uso de la vibración mecánica (Stilman 1970, Carrington 1980), donde un motor dentro de un objeto o sobre una unidad base aporta vibraciones físicas indiscriminadas en términos de frecuencia. Sus efectos son activar la circulación de la sangre y reducir el tono muscular. Con estos problemas específicos en mente, surgió la posibilidad de encontrar una gama de frecuencias que podría unirse con música rítmica relajante para producir un efecto directamente al cuerpo (Skille 1982, 1982, 1985).

En el tratamiento vibroacústico se combina la estimulación corporal con ondas sinusoidales de baja frecuencia (30 Hz. a 120 Hz) junto con la estimulación auditiva de la música, pudiéndose así controlar y medir sus efectos, más fácilmente que la sola utilización de la música. En sucesivos estudios se han ido limitando y concretizando el uso de las frecuencias más usuales,siendo las frecuencias más bajas, 40 a 50 Hz, las que posiblemente establecen una respuesta en la parte inferior del cuerpo ( región lumbar, pelvis, muslos, piernas).

Estas investigaciones junto con los datos aportados por Skille, Wigram and Weeks (1987), que indican la eficacia de este sistema de tratamiento con problemas de tono muscular y clientes con discapacidades múltiples nos condujeron a valorar la posibilidad de emprender un trabajo de investigación con pacientes con enfermedad de Parkinson Idiopático, cuyas dificultades motrices y posturales parecen particularmente significativas para ser tratadas con Vibroacústica.

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad del sistema nervioso, que afecta a las estructuras del cerebro encargadas del control y de la coordinación del movimiento así como del mantenimiento del tono muscular y de las postura.

En esta enfermedad se produce una degeneración de la sustancia negra y otros núcleos pigmentados del tronco cerebral. Las células restantes de estos núcleos presentan una inclusión característica conocida como Cuerpos de Lewi. La consecuencia es una disminución del neurotransmisor, dopamina, entre la sustancia negra y otros núcleos basales, esenciales en el control- estimulación al cortex motor, responsable de la motricidad.

Por este motivo, las principales manifestaciones de la enfermedad expresan un control deficiente de los movimientos: temblor, lentificación, rigidez y alteraciones se la postura, del equilibrio y de la marcha.
Coordinan:
René de Coupaud, compositor,
Miguel Fernández, profesor de acústica y
Patxi del Campo, musicoterapeuta y director del Instituto Música, Arte y Proceso.

El cambio del paisaje sonoro es obvio que puede modificar conductas, pero ¿cómo se puede abordar el estudio de dicho "paisaje sonoro"? Citemos textualmente lo que Murray Schafer decía en el Correo de la Unesco de Noviembre de 1976 en un artículo titulado "El mundo del sonido, los sonidos del mundo":



"Paisaje sonoro (soundscape) es la expresión que empleamos para describir el entorno acústico. Sus propiedades no son, evidentemente, las mismas que las del "paisaje espacial" o "visual" (landscape). Pensemos en el número de personas que nos han ayudado a definir el sentido del paisaje visual: los geólogos han estudiado su estructura, los geógrafos su formación superficial, los pintores y los poetas lo han descrito, los ingenieros y los jardineros le han dado forma y los arquitectos y los urbanistas lo han embellecido. Pero, ¿quién ha estudiado el paisaje sonoro? Se trata de una disciplina que tenemos que aprender ahora o, más bien, que debemos volver a aprender."

Pero por desgracia, lo más importante aún está por llegar: la sensibilización del individuo. Las leyes represivas sin un entendimiento de la materia que se prohibe son de dudosa eficacia.

Tenemos que comprender que el sonido es una energía contenida en las moléculas de los cuerpos que están en movimiento, y que como tal forma parte del medio ambiente. Cualquier alteración de éste repercutirá en todo el ecosistema, como ya decía el biólogo Ernst Haeckel en 1866 al utilizar las palabras griegas "oikos-casa" y "logos-tratado" para crear la ecología: ciencia que estudiaba las relaciones de los seres vivos con su entorno. Término que se fue modificando con el paso del tiempo. Lo que en un principio era una ciencia pura y dura ante los devastadores efectos causados por el hombre con la explotación irracional y desordenada de los recursos naturales dio lugar al ecologismo como tendencia o filosofía de vida, que propugnaba el respeto al medio natural como elemento fundamental para el desarrollo del ser humano, y alertaba de los peligros y efectos negativos que pueden ocurrir si se altera el equilibrio natural del ecosistema.

Situaciones muy claras en cuanto a deforestación, contaminación química, extinción de especies, etc., etc... Pero no tan claras en cuanto a contaminación sonora por rozar aspectos de la conducta humana puramente subjetivos de difícil evaluación.

El ser humano ha evolucionado tecnológicamente a velocidad de vértigo y no ha tenido tiempo para adaptarse a las nuevas situaciones. En un principio los umbrales de su audición estaban adaptados a los sonidos naturales. Ningún sonido por muy fuerte que fuera era capaz de hacer daño. Hoy la realidad es otra. Hay multitud de fuentes sonoras que sus niveles sobrepasan con mucho los márgenes de audición humana y no sólo pueden causar daños físicos, sino que están enmascarando a otros sonidos más débiles, por lo que el paisaje sonoro se ve alterado.

Hoy sabemos que el aparato auditivo humano sufre unos procesos de acomodación comparables a los de la visión, aunque más lentos que en ésta. Cuando pasamos de un entorno sonoro potente a otro silencioso o viceversa, es necesario un tiempo para acomodar la audición a las nuevas condiciones de escucha porque sufrimos unos desplazamientos temporales del umbral de audición. Si somos conscientes de esto y nos tomamos el tiempo necesario para que se realice la acomodación, podremos mantener sano nuestro aparato auditivo. Pero si por el contrario cuando pasamos de entornos ruidosos a otros tranquilos no nos mantenemos en calma y nos rodeamos por inercia de sonidos potentes, nuestro desplazamiento del umbral acabará siendo permanente sin posibilidades de recuperación. En este caso de nada serviría que desde el campo de la música nos empeñemos en trabajar con niveles pianísimos o fortísimos y que la tecnología nos consiga reproductores con cada vez menos ruido de fondo y un amplio margen dinámico, si nuestro aparato auditivo -el mejor equipo reproductor de sonidos del mundo- no lo iba a poder aprovechar, por verse obligado a trabajar en unos márgenes muy diferentes a los de la correcta audición humana

En la actualidad, nos encontramos inmersos en un ambiente sonoro lleno de estímulos que nos conducen a un continuo estado de alerta, situándonos entre la atención y la dispersión.

Diferentes profesionales (otorrinos, maestros, educadores, etc.) alertan continuamente de la pérdida de contacto en la comunicación y en la atención de los niños y adultos, como consecuencia de deficiencias auditivas o de problemas acústicos en los lugares de encuentro: centros docentes, espacios públicos...

Estos son, entre otros, algunos de los aspectos en los que se centra este proyecto:


Concienciación:. Ámbito de reflexión sobre el hecho de que estamos envueltos en energía sonora. No sólo envueltos; somos permeables a las ondas sonoras.
Sonosfera:. Podemos y necesitamos intervenir en el proceso de modificación del medio ambiente sonoro, llegando a crear nuestra propia sonosfera, más agradable, más gratificante. Debemos buscar marcos positivos y creativos para el sonido deseado.
Higiene sonora. Debemos esforzarnos en proteger nuestro sistema auditivo de las múltiples agresiones físicas que soportamos sin necesidad (regímenes de presión sonora excesivos), y en muchos casos voluntariamente.
Educar para el sonido. El placer de escuchar, de hacer y de disfrutar la música.